domingo, 10 de julio de 2016

T0 PIII C7 LA MADRE DEL TRUENO

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LA MADRE DEL TRUENO

"Y se escuchó su oración de arrepentimiento.  Y todo el pleroma del invisible Espíritu virginal intercedió en su favor.  Y el espíritu invisible asintió y después de haber hecho esta señal, el Espíritu Santo derramado sobre ella todo el pleroma.  De hecho, su pareja no había acudido a ella antes, pero luego se acercó a ella que venía del pleroma para enmendar su deficiencia.  Y ella no fue llevada a su propio reino (eón), sino por encima de su hijo, por lo que está en el noveno eón, hasta que ella enmiende su deficiencia."
NH II, 1 - El Libro de los Secretos de Juan, 14,2 - 14,9

El Poder venido desde lo alto (Barbeló / Prounikos), mostró su belleza a los Arcontes que crearon el mundo y le condujo a un deseo furioso consigo misma, y es por eso que había sido enviada, a robar, a causa de ella, de hecho, estos mismos ángeles vinieron a hacer la guerra; ella misma no la sufrió, pero ella los trajo a matarse unos a otros por el deseo que se les había inoculado. Así, la retención para evitar que suban al cielo, fue que tenían relaciones sexuales con ella, cada uno con una apariencia corporal femenina o de mujer, mientras que ella pasaba por diversos cuerpos femeninos a diversos cuerpos de naturaleza humana, bestial u otros, de manera que a través de sus propias acciones, mataba y era asesinada, haciendo reducir su número por el derramamiento de sangre y, a continuación, concentrando su poder, ella podía volver a subir a cielo [[1]]".
San Epifanio, Herejía 21,2, 5-6

Girkù-Tila Nuréa / Min-ME-Imin

1 - El gran exilio



Así Barbélu, nuestra madre, que quedó en manos de los Kingu rojos y sus dóciles trabajadores. A su pesar, la Madre se colocó a la cabeza del microcosmos organizado y jerárquico que era el reino de Suhia.  En una ceremonia pomposa oculta en una cueva oscura, el cetro real Gírkù denominado Ugur - a la medida de la capacidad de un rayo - le fue adjudicado oficialmente bajo la mirada cautelosa de una parte de la asamblea. La perplejidad provino de la divina asistencia de las Ama'argi [[2]], una línea de hembras enigmáticas salidas de la tierra matricial de Dubkù (la Tierra). Matriarcas de los mundos subterráneos, vivían en paz en las entrañas del planeta en el corazón del Abzu (mundo subterráneo).
Las Ama'argi se presentaron a Barbélu para definirse a sí mismas como descendientes directas de Pistés, la que las trajo al mundo gracias a la Triple Energía (partenogénesis) de los Musidim, poco antes que Suhia la interceptara y la eliminara.  Las Ama'argi no conocieron a su madre el tiempo suficiente como para reconocerla en Barbélu. Una doble maternidad, probablemente incluso su extensión kármica. Cada una de ellas se presentó a la Madre de los Orígenes con un bordado en oro blanco, acompañadas por el sonido regular de una gran campana de timbre penetrante.  El pacto fue así sellado.  A pesar de su terrible leyenda, Barbélu debía permanecer como una soberana sumisa ante las fuerzas presentes.
Madre sabía de los incesantes exiliados voluntarios imaginados por los Kingu rojos.  Ella tuvo que cambiar regularmente su emplazamiento para escapar de la amenaza de los soldados pálidos de su hijo de la insensatez.  A pesar de varios intentos, Barbélu nunca fue capaz de volver a ver a sus hijos o de retomar contacto con sus Abgal. Su corazón de madre sangraba y su consternación infinita resultó en un dolor insoportable.  Sólo tenía la inmensidad del cielo como apoyo silencioso al cual dirigía sus súplicas.  Ante la repetida insistencia de sus peticiones, finalmente le dieron acceso a las puertas secretas de Aria (Antártida) y del laboratorio de Suhia que albergaba un telescopio dirigido hacia el Angal (el Gran Cielo). Fascinada por esta actividad, la Madre dedicó su tiempo escudriñando lo infinitamente grande. La visión de sus queridas estrellas lejanas le trajo la tranquilidad cuando mas la necesitaba.  Diferentes partes del cielo fijaron rápidamente su atención.  Varios elementos celestes se estiraban mientras que otros parecían reflejarse en más imágenes...  ¿Qué había sucedido desde la época del origen? Nadie sabía la respuesta, ni siquiera Usama cuya erudición era la admiración de todos. Barbélu prosiguió sin descanso sus investigaciones.   Ella escrutó la inmensidad galáctica parte por parte.  Comprendió que en algunos lugares, por razones aún desconocidas, la luz de las estrellas se reflejaba y se estiraba para formar imágenes fantasmas [[3]]. Para comprender este fenómeno inusual, cálculos científicos acompañaban a todas estas observaciones.  Ella trató en vano de construir una teoría que pudiera resolver este enigma que resistía a su sagacidad.
El tiempo pasó con la imagen de un día de tormenta que envolvió el cielo y se extendió a la nada.  Varias familias galácticas desconocidas se presentaron a los Kingu rojos de la Casa Madre para pedirles que detuvieran la agitación del Angal (El Gran Cielo / La Gran Elevación). Sin comprender de lo que estaban hablando, los dragones convocaron a los extranjeros a retirarse.  Cuando se informó del incidente a Barbélu, ella sospecho de los Babbar de Ía’aldabaut o bien los Kingalam provocando los espejismos observados en las profundidades cósmicas. Ella le ordenó a sus dragones que le presentaran a los desconocidos si se manifestaban nuevamente.
Los Gina'abul se habían multiplicado en gran medida sobre el suelo de Dubkù a través de la pareja original, Mus'sagtar y Emesir. La Madre salía en ocasiones bajo vigilancia para observarlos.  Nunca reconoció a sus primeros hijos, todos ellos parecían iguales!  No era posible acercarse a ellos por debajo de una cierta distancia, le llevaron algunos ejemplares para su análisis y posterior interrogatorio.  Nadie podía explicar a la soberana, donde se encontraban los niños originales.
En esa época, los Babbar de Ía’aldabaut organizaban secuestros salvajes para recolectar un máximo de especímenes Gina'abul y Husmus (reptiles salvajes). En el reino de Barbélu, nadie sabía dónde mantenían a los prisioneros, o incluso a los animales. Cuando los secuestros se multiplicaron, la Madre tuvo que tomar la dolorosa decisión de realizar una evacuación de emergencia de los niños a las antiguas colonias Musidim, mucho más allá de la Casa Madre.  Así, los Kingu rojos se dirigieron hacia el corazón de los mundos inferiores, entre las Ama'argi de Pistés para negociar la recuperación de decenas de naves que pertenecieron a las Agarin de las Sombras.  La operación se realizó gracias a la intervención inesperada de los seres silenciosos escondidos detrás de paredes Mara de metal denso. Estos individuos hicieron posible la partida de los Gina'Abul con la condición no negociable de que varios grupos de Babbar, de naturaleza no beligerante, acompañaran a los fugitivos. Ellos mismos querían huir de su creador Ía'aldabaut y del mundo del caos. Los Kingu rojos se reunieron con Barbélu en su escondite solitario y le informaron del acuerdo.  La Madre estaba prisionera de las emanaciones materiales de este mundo cuyas reglas se le escapaban por completo.  Sin embargo, ella recordó el extraño comportamiento de algunos de los Babbar, que se volvieron contra sus propios hermanos para salvarla del pisoteo.  Protegerían a su descendencia frente a los peligros que acompañan inevitablemente a un viaje así.
La expansión natural y pacífica de los niños de la Madre de los Orígenes se había efectuado progresivamente sobre la tierra central de Dunnu, sin ninguna rivalidad. Tras el anuncio de una gran reunión, cada clan se reagrupó varios días cerca de la ciudad de metal de Suhia.  Allí, unas cincuenta naves brillantes se posaron sobre una gran superficie seca.  Siempre lejos por razones de seguridad, la Madre asistió a la gran partida entre las nubes de arena agitadas por el gran movimiento de los motores.  Sobrellevando el dolor, mientras observaba la escena sin decir palabra.  La soberana hizo el sacrificio de mantenerse hasta el final para contemplar en silencio las luces que se elevaban hacia el cielo.  Apenas los Gina'abul fueron arrancados de su mundo original, el clan Barbélu tuvo conocimiento de la destrucción de la base secreta atacada por los belicosos Babbar.  La Casa-Madre nuevamente representaba un mundo mucho más oscuro que el de antes.  La Santa Barbélu se aferró a su sueño de restaurar la Luz de antaño, pero este sueño agitado por la ira y el caos transformo esta esperanza en una pesadilla. También se dio cuenta de que su fuerza natural, ahora llena de oscuridad, había desaparecido en las emanaciones de este nuevo día.  Privada de una parte de su fuerza, la madre se lamentó y lloró toda el agua que su cuerpo aún poseía.  Con el espíritu inquieto, rezó una y otra vez.  Una luz vacilante en el fondo alimentaba débilmente la esperanza de un cambio que la liberaría.
Inmóvil en su cámara donde la luz no se filtraba, la Madre de los Orígenes llegaba a lo profundo de su aflicción.  Fue entonces cuando dos seres silenciosos se deslizaron hacia ella como quimeras.  ¿Cómo habían logrado frustrar la custodia de los dragones?  Uno de ellos entró en la oscuridad y le acarició su mano palmeada.  La afligida Barbélu, convertida en la Madre del caos de las formas, levantó la mirada para ver con los ojos húmedos a sus dos Abgal primigenios. Uno de ellos dijo: "Madre, vemos tu inmenso dolor.  Muchas veces nos has llamado a tu lado, pero nosotros luchamos contra la magia de nuestro hermano Ía'aldabaut. En tu dolor, le has suplicado a La Fuente y nosotros te hemos oído.  No podemos tolerar más esta situación.  Vamos a permanecer a tu lado hasta que se escuche tu oración”.  Los gemelos habían repelido los demonios de piel pálida todo el tiempo que duró la expansión Gina'abul en la tierra de Dunnu. Esta vez, estaban mágicamente determinados a transformar el dolor de su progenitora en una Luz Liberadora.  Por lo tanto, la Madre dejó la sobreprotegida torre de metal por sus dragones. Se ocultó en el Abzu subterráneo junto a las hembras Ama'argi. Para mistificar su angustia, Barbélu comenzó a estudiar el cielo profundo en busca de una explicación racional a las imágenes fantasmas producidas por los lentes galácticos...

2 - La Era de Nimra




En las época oscura de Nimra, la raza Gina'abul exiliada de Dubkù (Tierra) se componía principalmente de los Babbar, de Mus'sagtar [[4]], de los anfibios Abgal y de la hembra Emesir [[5]]. Todos vivían en paz entre las constelaciones de Usu (del Dragón), la de Urbar'ra (Lira) y la de Gagsisá (Sirio). Los Babbar pacíficos de la Casa Madre tomaron la realeza Gina'abul en sus manos, ellos se autoproclamaron Kingu-Babbar y derrocaron la autoridad de algunos Kingu rojos exiliados con los hijos de la Madre de los Orígenes.  Los Kingu-Babbar cohabitaban con la familia Abgal y todos vivían en paz con sus respectivas hembras. Cada uno de ellos portaba una descendencia, ella misma predestinada a perpetuar su propio linaje.
Tal no era el caso para las familias en Urbar'ra (Lira), separados en machos Mus'sagtar por un lado, y las hembras Emesir, por el otro. Esta separación dio lugar a largos desacuerdos entre los dos sexos con respecto a los poderes de las hembras heredados de su Madre Barbélu.  Las Emesir practicaban la meditación, adivinación y las ciencias ocultas desde el exilio.  Su temperamento se formó gracias a su conocimiento de los Misterios en torno a los aspectos oscuros de la Luz.  Ellas fueron uno con Gissu (la Sombra). Sus facultades tomaron impulso a lo largo de las eras como al punto de crear una ruptura social e ideológica que los hombres no podían alcanzar. Ellos mismos portaban en su corazón una forma de sabiduría, menos hermética, menos secreta, que las mujeres consideraban como "artificial".  La gran separación se llevó a cabo en armonía y los machos se retiraron a tres soles de distancia en el sistema estelar de Madariba.
Desde esa época, salvo excepciones, Mus'sagtar y Emesir no se reunían más que una vez cada Muanna (año) en el planeta Muslum. Este mundo pertenecía a las hembras, y servía de santuario sagrado durante la gran ceremonia nocturna de Nunusaka [[6]]. Cada hembra debía conocer, al menos dos veces en su larga existencia, el coito sagrado para transmitir la vida. Tal era la costumbre ancestral, firme e inalterable.  Sin embargo, muchos Mus'sagtar practicaban los secretos de la Luz Pura y poco a poco renunciaron a los misterios de la unión carnal. Esta doctrina les llego por parte de los Kingu Babbar.  Ellos mismos sufrieron su sistema separatista que dividió gradualmente ambos sexos de su linaje real.  A su vez, los Mus'sagtar consumían la planta Ulàl cuyos efectos les aportaban el éxtasis y transformaban el intelecto. Esta planta, proporcionada por los Kingu Babbar, era como una droga que embotaba sus sentidos, haciéndolos esclavos y dependientes.  Los Mus'sagtar descuidaron poco a poco su cultura y sus rituales, para entregarse en cuerpo y alma a la planta Ulàl. Cada Muanna (año), el número de machos Mus'sagtar elegidos descendió inexorablemente poniendo en peligro la sostenibilidad del linaje Gina'abul de Urbar'ra (Lira).
Pero la costumbre ancestral del coito sagrado persistió aún en la época de la alianza comercial instalada en el sistema estelar de Muru en Sitadalu (Orión). Narra, la soberana de las Emesir, auspiciaba de maestra de ceremonias.  Durante la noche del gran reencuentro de Nunusaka, el corazón de la elegida Emesir latió con una profunda alegría. Cada una tenía que encontrar un macho dispuesto a fertilizarla en el espacio de una noche.  En el seno del gran templo del Espíritu Virginal de Barbélu, las hembras Gina'abul tuvieron que encontrar a su macho a la luz de sus cristales Gírkù. Los Mus'sagtar se extendieron en una meditación silenciosa mientras que el frotar de las sandalias sonaban sobre la piedra alisada del tiempo. Los cristales escanearon en la penumbra a los futuros procreadores y lo señalaban cambiando de color ante el macho compatible con la hembra dispuesta a producir huevos.  Exclamaciones de alegría y risas resonaban, saludando a cada descubierto que pudiera garantizar la continuidad del linaje de los Gina'abul de Urbar'ra (Lira). Una vez designados, la hembra llevaba a su macho a la gran cuenca y lo conducía hacia los pasajes subterráneos con la única luz del cristal Gírkù. Las bases masivas del gran templo se hundían el corazón del monte Kidul. En sus profundidades se desplegaba una red gigantesca, cuya forma se parecía a la de un árbol sagrado.  En estos lugares oscuros y húmedos, cientos de nichos esperaban a los amantes listos para unirse lejos de los ojos profanos.  El coito debía prolongarse el mayor tiempo posible.  La duración determinaba el número de huevos a fertilizar.  Por lo tanto Mus'sagtar y Emesir se unieron una noche para perpetuar su linaje.
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Después de un sueño de duración indefinible, el universo se alejó gradualmente de su singularidad primordial.  Mucho antes de la formación de la confederación Kadistu (Planificadores), las más grandes familias galácticas de nuestro Universo entraron en conflicto instaurando una era de caos comúnmente denominada como la Era de Nimra [[7]]. Nadie sabe, entre las familias galácticas, por qué medio los Nundar de Apin (Andrómeda) provocaron esta calamidad. El primer motivo fue probablemente la detección de imágenes fantasma que se propagaban por el Universo.  Sin embargo, los Gina'abul de Usu (del Dragón), de Urbar'ra (Lira) y de Gagsisá (Sirio) se mantuvieron alejados de las zonas en discordia. Los Gina'abul sabían sin embargo que los Nundar recibieron en secreto, de una de sus familias, una tecnología que nunca habrían tenido...
Nosotros, Gina'abul, pueblos pacíficos y autónomos, estábamos tratando de mantener nuestra independencia de las tentaciones comerciales establecidas por el gremio de comercio de Anriba (la Galaxia). Nuestras múltiples ciencias y técnicas propias de nuestra dinastía nos permitieron la autogestión en un circuito cerrado. Por lo tanto, casi no frecuentábamos a otras razas del espacio profundo.  Nosotros éramos un misterio y a menudo provocábamos miedo a pesar de nosotros mismos.
Por su parte, las familias galácticas diseminadas por las estrellas rompieron fronteras estelares para crear un imperio de negocios donde todos los productos básicos y otras materias primas podían comercializarse sin límite.  Los productos fueron vendidos o intercambiados a cambio de tecnología de punta.  Inflados de orgullo, todos deseaban beneficiarse de estos casos, pensando en disfrutar de la credulidad de cada uno.  Una intensa actividad animó las rutas espaciales.  Los bienes alimentaron una gran parte de Anriba (la Galaxia) a través de las rutas comerciales y los túneles atemporales. Nada parecía cambiar la trayectoria definida por la era de las ganancias y los intercambios de todo tipo.
Un día sin embargo, el Gremio de comerciantes se deslizó disimuladamente en la constelación de Usu con la intención de negociar con nuestros hermanos Kingu, ávidos de tecnología. La reputación de los Kingu Babbar era universalmente conocido. Nuestra realeza no pudo resistir la tentación de trueque a pesar de los consejos de sus hermanos Mus'sagtar.  Los Kingú-Babbar (blancos) del sistema estelar Rabár cayeron así en las garras de los extranjeros denominados Nundar [[8]]. Los Nundar de Apin (Andrómeda) trajeron grandes cantidades de cristales de color rojo a la corona real de Usu. Estas sustancias derivadas de suelos extranjeros le ofrecían a nuestra realeza la posibilidad de transformar radicalmente su flota. Estos cristales, desconocidos en nuestras colonias, les permitieron diseñar y probar otras tecnologías de punta relacionadas con la velocidad y el transporte en el espacio.  Nunca supimos lo que los Kingu Babbar aportaron a cambio a los Nundar, pero a la luz de los acontecimientos siguientes, la familia Gina'abul sospecho que el trueque de esos minerales desconocidos fue por armas devastadoras de las cuales nosotros mismos no teníamos conocimiento. Al descubrir la opulencia, los Kingu también desarrollaron un gusto por la conquista y el poder que la riqueza induce. La amenaza de sus armas devastadoras transferidas a manos desconocidas e incontrolables los hizo sin duda arrepentirse, un poco más tarde, de su mercado negro...
Los Kingú-Babbar exploraron en secreto los mundos.  Su preferencia era más bien sobre los que poseían una naturaleza salvaje o los sólo habitados por algunas tribus crédulas y pacíficas.  No hay duda de que estaban buscando el mineral rojo que cambió su industria.  Su objetivo secreto: apropiarse de los territorios inviolables protegidos por las convenciones de Anriba sobre la extracción de minerales sin el conocimiento de todos. En esa época, los Kingú obtuvieron una independencia completa.  En varias ocasiones, los Mus'sagtar trataron de razonar con la realeza.  Un esfuerzo inútil.  Ellos convocaron a los diferentes clanes Gina'abul que ocupaban Urbar'ra (Lira), así como a nuestros ancestros femeninos, las Emesir, que vivían separadas de los masculinos en una perfecta comunión.
La sesión extraordinaria se llevó a cabo en su ciudad de Duna, la capital de mil luces cuyos senderos bordeados de vegetación se extendía como estrellas hasta el horizonte.  Las grandes matriarcas Emesir estaban presentes en este día de tormento.  Ellas portaban sus escudos de oro, sus cristales Gírkù y sus largas ropas de colores resplandecientes. Entre ellos, con el rostro iluminado por un reflejo irreal del sol poniente, se puso de pie con orgullo la reina Narra, imagen de Barbélu, Madre de todos nosotros. La larga procesión crepuscular reunió el ensamble de los altos dignatarios Gina'abul de esa época. Nuestros ancestros pisaron la explanada.  Las hojas muertas crujían bajo sus pies como si fueran a anunciar un mal presagio.  El santuario principal, donde tendría lugar el debate, con vistas a los jardines que exhalaban sus exquisitos aromas. Al finalizar la presentación de cada uno de los informantes, la asamblea constató que nadie recibió novedades de nuestros hermanos soberanos.  Todas sus comunicaciones, sus fronteras y sus Diranna (puertas estelares) fueron condenadas. Aterrados, los hermanos y hermanas Gina'abul comprendieron que la corona de Usu, soberana indiscutible de nuestra raza, se había extraviado en la dominación y la riqueza.

3 – La debacle del viejo mundo




Durante este tiempo, el comercio galáctico, totalmente sin restricciones, creció sin ninguna regla que permitiera hacer cumplir la justicia y la lealtad.  Las Naciones afiliadas al Gremio mercante permitieron circular, a través de los Diranna (puertas estelares), miles de millones de objetos tales como víveres, provisiones, minerales, armas, etc., para ser procesados ​​o reacondicionados antes del envío final a sus adquirentes. Estas prácticas se realizaban con una total falta de control de las fronteras estelares.  Los negocios tomaron impulso a lo largo de la Vía Láctea, era impensable aprobar leyes que podrían comprometer el éxito del comercio.   Toda esta agitación creó brechas significativas entre los comerciantes y los compradores de los mundos que llevaban a cabo los negocios.   Las ambiciones egoístas de las grandes familias galácticas, sin embargo avisados, crearon gradualmente reglas donde la ganancia exponencial prevalecía sobre el comercio justo.  La idea de una gran unidad extragaláctica se basó sólo en un truco por la ventaja de las ganancias y los impuestos.  Mundos enteros prohibidos por el gremio de comerciantes fueron dejados atrás. Los Nundar de Apin (Andrómeda) tomaron parte. Desesperados, vinieron a nosotros con la esperanza de conseguir ayuda material a cambio de sus cristales de fuego. Nuestra familia estaba dividida a propósito de esto y se llevaron a cabo múltiples asambleas para darles una respuesta clara.  Muchas asambleas invariablemente terminaban en un gran tumulto. Finalmente nos decidimos a aceptar el tratado sólo con una condición: los Nundar debían revelar lo que habían obtenido de la realeza Kingu. Por desgracia, los Nundar se negaron a cumplir con esta condición y tuvieron que partir sin la ayuda que esperaban. Este episodio nos llevó a vigilarlos en secreto.  Observamos una intensa actividad en las diferentes colonias Nundar diseminadas en Apin (Andrómeda). Trabajando día y noche, sus fábricas subterráneas fogueaban para enviar pesados convoyes ​​a través de Anriba (la Galaxia). Esta intensa actividad debió alertar a las autoridades galácticas, pero estas tenían mucho por hacer para asegurar el orden que garantice la sostenibilidad del mundo del comercio...
Los celos y la desconfianza colectiva ganaron la Vía Láctea.  Una gran parte de Anriba se convirtió en el escenario de un juego basado en el poder de expansión, donde sólo los más ingeniosos y los menos leales hicieron fortuna. El comercio inmoral lentamente fue destruyendo nuestro Universo.  La dominación engendró conflictos esporádicos y muerte a su paso.  En una escalada sin sentido, las oposiciones crearon sus soldados mientras que los cielos caóticos se llenaron con su número.  Todos temían la chispa que engullía los mundos.  Cada sistema estelar y firmamento formaron fortalezas inexpugnables donde el comercio imponía nuevas leyes cada vez más difíciles de cumplir.  Sin la capacidad de mantenerse a sí mismas, muchas civilizaciones colapsaron bajo las deudas, incluyendo los Nundar. Sin embargo, ellos no cambiarían sus cristales rojos que contenían la poderosa energía compactada, reservando su uso exclusivo a los Kingu-Babbar y a ellos mismos.
Mundos enteros agonizaban ante la total indiferencia de los poderosos obsesionados en la carrera por las ganancias, la forma de la patología resultante por el temor a perder sus privilegios.  Sintiéndose amenazados, se refugiaron en el aislamiento y la contemplación.  Los Nundar trataron de alertar a la opinión pública. Visitaron los grandes parlamentarios que se asentaban en el sistema estelar de Muru en Sitadalu (Orión). En este período nefasto, el astro Muru irradiaba con su luminosidad los mármoles blancos relucientes de la prestigiosa capital de los Kaldirig [[9]]. Ella recibió a los ricos de la sede del gremio de comerciantes en medio de suntuosos parques adornados con estatuas y fuentes.  El conjunto se elevaba sobre los cimientos de una antigua prisión, en otra época reconocida por su disciplina de hierro.  Fue destruida luego de la rebelión roja.
Sobre el mural de la puerta principal de la asamblea, un mapa detallaba la ubicación de los afiliados al gremio de comerciantes del cual, nosotros los Gina'abul, no formábamos parte.  Durante su visita a los Kaldirig, los Nundar examinaron cuidadosamente el mapa antes de entrar en el edificio. En el corazón de la gran sala, presentaron su solicitud, formulada en una demanda de crédito excepcional. En un tono arrogante, el gremio de comerciantes dijo que no podía financiar tales fondos sociales.  Los comerciantes debían pagar sus deudas si querían obtener nuevos productos!   Los Nundar acusaron el golpe. Su sumisión aparente pareció calmar la situación, pero el fuego ardía bajo las cenizas.  Después de esta afrenta, convencidos de que debían portar la espada de la justicia, ellos encarnaron la abertura por la cual caería el flagelo de venganza.  Luego de este evento, el gremio de comerciantes y las autoridades galácticas registraron numerosas idas y vueltas de los Nundar en el sistema estelar de Muru, pero nadie midió plenamente las consecuencias.
Poco después, una luz incandescente apareció en la constelación Sitadalu (Orión). En un silencio ensordecedor, el sol Muru se desintegró para abrazar el vacío glacial. La raza de los Kaldirig murió en un instante. De esta explosión, los Nundar de Apin (Andrómeda) recuperaron la energía termonuclear mediante un proceso misterioso que nadie conocía. Los Gina'abul comprendieron que esto no fue un colapso gravitacional natural del corazón de la estrella de Muru, sino una explosión artificial causada intencionalmente. La potencia liberada por la onda de choque liberó una energía equivalente a varios millares de soles en una fracción de tiempo.  Los Nundar capturaron no sólo una potencia nuclear fenomenal, sino también el hierro universal que componía la estructura de todos los planetas. El metal celeste se recogió en el espacio y se utilizó como un arma terriblemente destructiva que golpeó como una avalancha de hierro y fuego radiante a los mundos comerciales.  Para completar la reacción cataclísmica, máquinas de guerra desconocidas descendieron del espacio en ardientes columnas de llamas rojas para destruir los sistemas planetarios fieles al Gremio.
Las pesadas máquinas voladoras ​​con formas monstruosas se precipitaron con precisión hacia las ciudades más grandes.  El cielo, el aire, la tierra y el agua se encendieron.  Un apocalipsis vengativo cayó para reparar el ultraje impuesto a las minorías.  Completando la destrucción, los mundos incendiados desencadenaron la convulsión del suelo que, por reacción, despertó a los volcanes.  Las eyecciones del suelo y los ríos de lava fundida devastaron las ciudades. La sorpresa fue completa.  Lo repentino del ataque desorganizó las estructuras defensivas afiliadas a los mundos afiliados al Gremio que fueron rápidamente separados del resto de Anriba (la galaxia). Las flotas de máquinas gigantescas navegaron por las naciones en busca de supervivientes.  Impotentes, huyendo del horror y el calor, los pocos supervivientes vagaban por las calles en busca de refugio y alimento.  Programados para exterminar toda la vida, la maquinaria implacable de los Nundar, monstruos pensantes con detectores de movimiento, perseguían sin descanso cualquier huella de vida. Perseguidos sin descanso, incluso en las zonas más remotas, los buques mercantes sufrieron la misma suerte que las estaciones orbitales que gravitaban sobre los mundos afiliados al Gremio comercial: fueron sistemáticamente destruidos.
El plan diabólico de los Nundar marcó para siempre a Anriba (La Galaxia). Su violencia cambió drásticamente las configuraciones estelares y nuestros mapas del cielo.  En menos de cuatro de nuestros Iti (meses), mundo tras mundo, el orgulloso Gremio comercial de la antigua nobleza se redujo al nivel más bajo de la existencia. En su miserable decadencia, con las pocas fuerzas que mantenían, los pocos supervivientes luchaban entre sí por los alimentos o las herramientas rudimentarias.
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Luego de la conmoción y el derramamiento de sangre, las primeras defensas se organizaron de alguna manera.  Un estruendo de revuelta levantó las filas de las más grandes familias galácticas aún en pie.  Una insidiosa propaganda falsamente unificadora, se extendió para salvar el poco honor que les quedaba.  Contrariamente a nuestra realeza Kingu en búsqueda de prestigio, nosotros, los Gina'abul, permanecimos inmóviles frente a la venganza de los Nundar y al espectáculo del colapso del viejo mundo. A pesar de mantenerse alejados de los negocios del Gremio comercial, los Kingú-Babbar propusieron sus servicios a las más grandes familias galácticas.  Ellos afirmaron poseer un arma capaz de demoler completamente la dominación Nundar, era la una única solución, según su argumento, para restablecer la paz y la reorganización de la sociedad galáctica. Esta oferta inesperada de un pueblo tan discreto, solitario y que no se inmiscuía jamás, provocó asombro.  Se impuso una decisión rápida.  Totalmente desesperados, los sobrevivientes de los mundos del antigua Gremio de comercio acudieron desde todos lados.  Los mundos que se salvaron de los ataques de los Nundar, totalmente abrumados, ya no podían hacer frente al caótico éxodo masivo.
La nueva coalición galáctica designó a los anfibios Abgal de Gagsisá (Sirio), conocidos por su sabiduría, para que actúen como intermediarios. Su pertenencia a nuestra familia Gina'abul les permitió fácilmente acercarse a los Kingú-Babbar, pero ellos no querían tratar con seres de Gagsisá. Sabíamos que nuestra realeza temía su inteligencia suprema y su filosofía sutil.  ¿No eran llamados los Abgal "los proveedores de conocimiento" por la mayoría de los seres en nuestro universo?  Muy lejanos al sistema de pensamiento de nuestra realeza e incluso al del resto de los Gina'abul, los Abgal siempre han protegido su independencia incluso con respecto a la corona Gina'abul. Los Kingu exigieron en su lugar tratar con nuestros primos Sukkal que viven en Urbar'ra (la constelación de Lira), cerca de las Gina'abul hembras Emesir y de los machos Mus'sagtar. Estos últimos no formaban parte del antiguo Gremio de comerciantes, no tenían ningún interés en esta misión.  Durante la vigencia de estas consultas cruzadas, los Nundar no desistieron de su postura y continuaron con sus ataques. Tenían que actuar con rapidez.
En el desorden general, un evento inesperado causó confusión entre los estados de la Confederación: nuestra reina Narra, soberana de las hembras Gina'abul de Urbar'ra (Lira), quería participar en la mediación para obtener la verdad sobre las verdaderas intenciones de Kingu-Babbar. Narra no tenía ninguna confianza en nuestra realeza, a los que consideraba peligrosos y altamente manipuladores.
Durante la gran reconciliación, como se esperaba, Narra se hizo de un lugar en lo alto del estrado.  Al llegar su turno, ella habló.  Al momento en que se puso de pie, un estallido similar a un trueno se extendió entre los gruesos muros del palacio.  Narra cambió ligeramente su rostro ante los ojos aturdidos de la Asamblea. Su aspecto se tornó insoportable a la vista.  Como por arte de magia, ella tomó la apariencia de Barbélu, la Madre de los Orígenes.  La Madre del Trueno habló a través de la soberana de Urbar'ra (Lira). Apenas conteniendo la ira en su voz, las vibraciones penetrantes hicieron estremecer la espina dorsal de cada dignatario en la habitación.  Bajo el efecto de su sentencia, las columnas y el edificio se sacudió hasta sus cimientos: "¡Ustedes, Kingu-Babbar! Ustedes han obtenido la tecnología Kingalàm cuyo poder divide el universo. Ustedes han colocado esta tecnología en manos de los Nundar de Apin (Andrómeda) con el fin de obtener sus poderosos minerales. Ustedes han olvidado que nuestros antepasados ​​trajeron la muerte a su paso y que todos nosotros, Musidim y Gina'abul, llevamos esa carga. Estas explosiones solares no sólo generaron las fallas o rutas estelares, sino también generaron Bùrannas (agujeros negros) cuya presencia curva el espacio-tiempo y produce barreras holográficas. Nuestro universo está salpicado de estas irregularidades.   Ustedes, Kingu-Babbar, en su inconsecuencia, han liberado al demonio maligno de la caja para hacer sus negocio sin tener que preocuparse por los riesgos que esto representaba para nuestro Universo".
Ante esto, el delegado Kingu-Babbar se puso de pie reclamando con un aire de provocación que todo esto era parte de un engaño.  Ante la gran sospecha de que provocaron las palabras de nuestra Madre Divina, el reclamó su derecho fundamental a la presunción de inocencia y pidió a todos los Gina'abul proporcionar una prueba de estas falsas acusaciones.  Bombardeados con pensamientos contradictorios, la Asamblea se rompió en una confusión total.  La gran soberana Narra parecía aturdida, sin energía, moviéndose con lentitud sin aceptar ninguna ayuda de sus hijas.  Se sintió abrumada y profundamente preocupada por este repentino vínculo con la Madre de los Orígenes.
Tras la Asamblea tormentosa, las más grandes familias galácticas se unieron para formar la unidad planificadora llamada Kadistu [[10]]. Esta nueva organización reagrupó las razas más antiguas presentes en nuestro Universo.  Los Kadistu sostendrían el papel de supervisores para garantizar la seguridad de las diferentes comunidades galácticas.

4 - La creación de los Usumgal y las Amasutum




En la misma época, en el corazón de la constelación de Usu (Dragón), los Kingú-Babbar crearon el linaje de los Usumgal [[11]] como trabajadores de la cepa real Gina'abul. La corona de Usu exigió a los trabajadores a cavar profundamente en las minas para la extracción de minerales y metales esenciales para sus industrias.  En consecuencia, los ilustres Kingu-Babbar imaginaron a sus trabajadores con proporciones colosales. Ellos necesitaban una mano de obra sólida, fuerte y muy resistente.  A pesar de que sus trabajadores no necesitan de hembras para multiplicarse, los concibieron con el dote masculino de un Gés (pene). En aquellos primeros días, los Kingu practicaban la reproducción de formas vivientes gracias al poder de los grandes cristales Uzumüa [[12]] que contienen el poder de la procreación artificial.  De este modo multiplicaron extraordinariamente y a voluntad todos los seres inferiores destinados para la carga.
En la opulencia de su entorno y sus edificios cuyas cimas se ligaban con las nubes, los gobernantes de Rabar extendieron sus esclavos hacia todas sus colonias sin preocuparse de la administración que implicaba tal masa de trabajadores. Sólo unos pocos miles de dragones de gran estatura, junto a los antiguos Kingu rojos de Suhia [[13]], se comprometieron a supervisar a los mineros.  Así, la corona de Usu producía minas y ciudades subterráneas para albergar los diferentes cuerpos de trabajadores relacionados con esta industria monstruosa. Voluntaria o involuntariamente, todos los planetas conocidos por contener los minerales y los metales deseados fueron explotados por los Kingu, a pesar de las convenciones planificadoras establecidas al comienzo de la edad de Dimmati [[14]].
Sin descanso, sobre todo con medios rudimentarios, los desafortunados Usumgal excavaron profundamente el suelo de los planetas a los que eran afectados.  Las condiciones extremas e inhumanas generaban riesgos significativos para la salud.  La Liga minera de la corona de Usu alertó varias veces los gobernantes de Rabar. En vano.  Las extracciones fueron intensificándose, en lugar de disminuir, para asegurar su lujoso nivel de vida. En las profundas galerías y los abismos sin fondo, los obreros trabajaban sin descanso bajo coacción.  A pesar de su estatura colosal, ellos soportaban su desgracia sin decir una palabra.  ¿No habían sido creados y programados en este único objetivo?
A continuación, se produjo una terrible epidemia.  Una nueva enfermedad infecciosa, altamente contagiosa, contaminó una a una las minas reales, en particular las de Kùsig (oro). Las malas condiciones de trabajo y la falta de alimentos habían contribuido al agravamiento de la infección y a su expansión.  El germen oscuro se extendió como un reguero de pólvora.  Los trabajadores contaminados se asfixiaban inexorablemente.  Se los aisló de las áreas de trabajo cada vez más profundas, lejos de la vista de los soberanos y de la vigilancia de los planificadores.  El abismo se convirtió en su nuevo hogar.  Durante el curso de los siguientes Limamu (milenios), organizaron sus lugares de confinamiento los cuales tomaron gradualmente aspectos residenciales. Los carceleros reales descendían cada vez menos.  Mientras la producción continuaba y los metales y cristales salían a la superficie, nadie se preocupaba por nada...
En medio de este conglomerado de servidumbre urbana con columnas y arcos desproporcionados, numerosos clanes Usumgal estaban muriendo en agonía mientras que otros aprendieron a respirar con el aliento de la vida - por medio de esta fuerza Universal que llamamos Niama. Tres clanes de las minas de Turnam experimentaron el dominio de la fuerza universal a través de sus hermanos llamados Abgal. Los Abgal de Gagsisá (Sirio) se les aparecieron al navegar por la espuma del tiempo para finalmente sumergirse en los vastos océanos y grandes ríos subterráneos; en secreto, estos podrían iniciarlos sin el conocimiento de los diferentes Kingu. Mientras que sus hermanos se agotaban y caían uno a uno en el polvo, los tres clanes Usumgal aprendieron en secreto a controlar este poder.  Totalmente absortos en su único objetivo de sobrevivir, los tres grupos de hombres no podían ayudarlos.  Tal fue el destino de estos tres clanes de Turnam que sin embargo no conocían ni la perfección ni la felicidad. Gracias al arte oculto, ellos cumplieron su destino en silencio absoluto, lejos de la indescriptible luz. Los tres clanes de la remisión crearon una matriz universal utilizando un gran cuarzo verde de Usu (dragón) que sacaron del abismo insondable. Los Abgal trataron de disuadirlos de utilizar los minerales-creadores Uzumua, pero el deseo de superar a sus maestros ocultó su razón.  Los pocos guardianes de la sabiduría Abgal se retiraron decepcionados frente a este deseo de poder generado por un sinnúmero de trabajadores, impregnados con la exaltante energía.
Fue así como los Usumgal de Turnam concibieron su propia imagen inversa usando el pensamiento creativo mezclado con la fuente del abismo sin fondo. Cada miembro de los tres clanes de remisión se presentó frente al augusto mineral Uzumua y puso su semilla rebelde en ella.  De esta monstruosidad derivó el primer pensamiento virginal, el espíritu perfecto, porque querían llevar con ellos el espíritu de Barbélu - la Reverenda Madre de los Orígenes - que reunía todos los poderes.  Una forma femenina emergió de la fértil matriz, despojada del caos de los orígenes e impregnada del líquido tonificante.  La comunidad Usumgal, totalmente cautivada por su creación, la mimaban y adoraban en secreto.  ¿Era una abominación? ¿Era una maravilla indescriptible?  Nadie sabía cómo la Santa Tigeme (sirviente de la vida) los superó en poder, intelecto y belleza. A pesar de que era una mujer en todo punto, Santa Tigeme contenía la chispa de luz inefable de la Triple Energía. Ella portaba el Espíritu virginal, a saber, el poder masculino que puede auto-fecundarse, sin recurrir a un intercambio carnal. Como la primer manifestación Gina'abul de la Triple Energía (Triple Poder), dama Tigeme se convirtió en su reina en el mayor secreto. Ellos debieron ocultar su presencia, sin interrumpir el trabajo.  En que se convertiría?  Que les aportaría la santa Tigeme ahora que su destino quedaba sellado para la eternidad?
Un día, llegó el momento donde la demanda global de materia prima superó la productividad de todos los sectores Kingu.  Por lo tanto, la corona de Usu no podría llegar a transportar periódicamente los alimentos necesarios para los trabajadores y para sus ciudades subterráneas ubicadas en el corazón de los profundos estratos.  En las profundidades de los mundos sujetos, la ira retumbó; una rebelión fue organizada en las minas de Turnam. Para alertar a la autoridad de Rabar y poner fin a su maltrato, los Usumgal redujeron la tasa de producción. Las represalias no se hicieron esperar, los Kingu rojos fuertemente armados se aventuraron en su dominio de miseria para tratar de restablecer la inflexible disciplina.  La Dama Tigeme salió de su escondite y se inició la revuelta. Su estatura y su dominio del Niama sembraron el terror.  Para desesperación de la corona de Usu, el poder Usumgal se debió a su disciplina de hierro. Los grandes cristales de cuarzo azul, tallados secretamente en las cavernas fecundas, servían de emisores-receptores provocando ondas de levantamiento para despegar más allá de las fronteras y los mundos de la constelación de Usu (dragón). Los sobrevivientes del germen oscuro se levantaron.  La revuelta se hizo más fuerte.  Ella ganó todas las minas mientras las efusivas voces brotaban de la oscuridad elevándose por encima de las barreras minerales.  La insurrección golpeó con asombro el tranquilo y organizado mundo de los Kingu.  Los Usumgal rompieron sus cadenas y mataron a sus guardias de tez roja.  Luego se desplegaron sobre la superficie de los mundos respirables, descubriendo una tecnología que no conocían, pero que no les permanecería ajena por mucho tiempo.  La creación de la anterior se vio sacudida por la creciente amenaza.  La luz pura capturada por la autoridad de Rabar fue desviada en beneficio de los rebeldes y de su soberano que dirigió los gigantescos paneles brillantes hacia las estrellas para capturar la energía transformadora.
Usando gestos furiosos, la Dama Tigeme exaltó a los Usumgal para estimular el apetito de venganza! En ese momento, una parte de la raza Gina'abul se hundió en el caos de la guerra y la destrucción.  Los mineros, en su multitud, no se preocupaban por las enormes pérdidas que sufrieron para recuperar todo tipo de minerales y materias primas.  Su objetivo no era conquistar la constelación de Usu (dragón), sino destruir la mayor cantidad de Kingus y de infraestructuras para luego dirigirse hacia las antiguas colonias Musidim.
En ambos lados, no se pudieron contar la enorme cantidad de pérdidas.  Los Usumgal tomaron muchos prisioneros entre los Kingu para convertirlos en siervos.   Sin embargo algunos Kingu-Babbar lograron escapar desmaterializándose del KI (3D) [[15]] gracias a pequeños objetos esféricos que los más altos funcionarios llevaban en secreto con ellos. Pronto, el grupo Abba, uno de los tres clanes Usumgal poseedores del control de la energía vital llamada Niama, se hizo cargo sobre todos los demás. Su líder, un tal Enzubi-Abzu [[16]], personaje despreciable, reclamó a la reina un nuevo linaje en vista de conquistar los antiguos dominios Musidim. Tigeme se encontraba investida en una misión y sabía que estaba en deuda con los Usumgal a los que ella les debía la vida. Fue así como la gran Tigeme, voluntariamente se recluso en los barrios antiguos de la ciudad minera de Turnam, y procreó ella misma a los varones con quien luego ella se acoplaría para dar a luz a nuevas chispas de luz separadas en varias generaciones de varones. De estas uniones nacieron cientos de guerreros Usumgal que se duplicaron a continuación con el augusto mineral Uzumua.  Para crear las nuevas hembras Gina'abul que Tigeme necesitaría, la soberana se retiró a las minas para auto fecundarse a través del poder de la Triple Energía. En el silencio y en el mayor de los secretos, produjo sus primeras hijas prometiendo un destino brillante.  Ella bautizó a su santa progenie con el nombre de Amasutum: "las madres lagarto". Salidas de la matriz del mundo subterráneo, las Amasutum nacieron en la desolación y la miseria engendrada por la guerra.  Fueron programadas como apoyo inquebrantable de su soberana cuyo destino designado era el de obedecer los caprichos de los Usumgal.  Ellas decidieron cambiar el nombre de su creadora a Tiamata (Madre de la Vida), estimando que su nombre original, Tigeme (sirvienta de la vida), degradaba su divina función en una simple sirviente de los Usumgal.
Rodeada de su nueva generación de hembras, y bajo la presión constante de los nuevos conquistadores de Usu (dragón), Tiamata eligió a su pareja de entre todos los Usumgal. Su elección recayó inevitablemente en el más valiente de ellos, a saber Enzubi-Abzu.
La boda real se materializó en una impresionante ceremonia celebrada en las ruinas de la ciudad de Turnam, entre columnatas ricas en mármol, Kùsig (oro) y tapices brillantes, algunos de los cuales conservaban los estigmas calcinados causados por los incendios durante los combates. Los Usumgal y las Amasutum se reunieron al pie de las altas columnatas y ventanas animadas con miles de luces. Desde la noche profunda, una emisión de antorchas y cristales iluminaron la escena.  Avanzando bajo un sonido lento, monótono de tambores desafinados, Madre Tiamata, seguida de su futuro amante, aparecía completamente cubierta con velos oscuros. En el corazón de esta patética escena, la mirada decepcionada de la reina vagó sobre la multitud congelada en un silencio conmovedor.  A partir de ese momento ella supo que debería luchar salvajemente para superar la trampa funesta en la que estaba atrapada.  Silenciosamente, sus velos fueron retirados y su rostro se ofreció a la multitud.  Con un gesto teatral, Enzubi-Abzu dio la señal de iniciar las festividades. Una música salvaje apoyada en la percusión, flautas y cuernos surgió inmediatamente. En la bebida y la desgracia, los Usumgal tomaron a las mujeres Amasutum, mientras que la fiesta orgiástica duró todo el tiempo que duró el acoplamiento real.  Cuando los soberanos alcanzaron el coito sagrado, la festividad decadente se interrumpió, dejando lugar a los preparativos para el gran viaje a las estrellas.
Los Usumgal decidieron abandonar la constelación de Usu (dragón) para dirigirse a Urbar'ra (Lira), donde reinaba la soberana Narra. Las bodegas de las naves de la corona Gina'abul se llenaron con víveres, con equipamiento de todo tipo y muchos prisioneros Kingu. La flota despegó en un ballet aéreo bañado en luces funestas.  Los guerreros de las sombras y sus mujeres oscuras siguieron los túneles atemporales que cruzan el gran flujo galáctico conectando a millones de soles.  Las nebulosas se inclinaron a su paso a medida que sus naves devoraban el tiempo navegando el infinito.  Ellos dejaron una marca indeleble en la historia de nuestro Universo, pero adoptaron un camino que sólo trajo el sufrimiento y la destrucción.  En su camino, nada ni nadie sobrevivió excepto unas pocas poblaciones fantasmas listas para aferrarse a la vida y a sufrir en silencio en el nombre de una nueva religión que encendió Anriba (nuestra galaxia).  Madre Barbélu, nuestra santa progenitora, entregada a la tristeza, lloró en silencio por todo el daño causado por sus hijos en el corazón de las regiones superiores.
Entonces la gran Nuréa fue creada para [...] en el centro del firmamento. . [...] En medio de su terrible flota, la soberana Tiamata oyó una voz interior durante sus muchas meditaciones.  [...] para perseguir esta intrusión [... ] La voz acogedora le ofreció un camino más corto hacia Urbar'ra (Lira) [...] seguir este camino celestial [...] sabía que era la voz de Barbélu, la Madre de los Orígenes [ ...] Los Usumgal se estrellaron entonces contra el muro holográfico y sus imágenes fantasmas [...] tremendo desastre [...] para ser absorbidos en el terrible Bùranna (agujero negro) [...] la desolación de la flota. Llegaron a Urbar'ra (Lira), los sobrevivientes comenzaron a disparar [...] sembraron la soledad por la segregación [...] a causa de los dragones Musgir [...] Los Usumgal se asociaron con los dragones furiosos [...] para abandonar a sus hembras a su suerte [...]  La Gran Guerra, la terrible guerra encendió [... ] Nuréa, ante su madre, [...] la santa Tiamata debió poner una y otra vez a fin de generar nuevas hembras combativas. [... ] Nuréa rogó a su madre detener el desove, pero la gran progenitora - imagen de la Madre de los Orígenes - con los muslos doloridos, continuó trabajando en el dolor para conjurar el mal [...] la Gran Guerra y sus [...] desolación..."

[imagen 35].  Los Mus'sagtar y Emesir en su reunión anual para perpetuar la dinastía de Urbar'ra (Lira). © Frantz Lasvignes / Anton Parks.


[imagen 36].  En el espacio, si la luz se encuentra visualmente en la presencia de un cuerpo masivo, ella es desviada necesariamente por el cuerpo que oficia de lente.  Su trayectoria se multiplica dando lugar entonces a las "lentes gravitacionales" como es el caso en esta fotografía.  Racimo Abell 2218.  El telescopio espacial Hubble - NASA.

[imagen 38].  Humanoides, de tipo reptilianos, festejando en una escena en un pilar-estela de Pozo Moro (España). Necrópolis ibérica datada en el 500 antes de Cristo.  





[1] [118] Aline Pourkier, "El heresiology Epífanes en Salamina" publicación Beauchesne, 1992, p.308.
[2] [119]. AMA-AR-GI4, término sumerio que evoca a "libertad".  Su estricta descomposición se traduce como "Madre(s) que contiene(n) la luz."
[3] [120]. Algunos de estos fenómenos son visibles en nuestro cielo con telescopios de gran alcance. Estos efectos se denominan "lentes gravitacionales" o "espejismo topológicos." Pueden ocurrir en presencia de grupos de galaxias o agujeros negros.
[4] [121]. Recordatorio: MUS-SAG4-TAR, en sumerio: "reptil (es) con corazón que suena". Antiguo cepa reptiliana macho descendientes de Mus'sagtar, hijo original de Barbélu.
[5]  [122]. Recordatorio: EME2-SIR, literalmente  "Serpientes enfermeras".  Antigua cepa reptiliana hembra descendientes de la Emesir original, hija de Barbélu.  Ellas forman la primera cepa femenina de los Gina'abul.
[6] [123]. NUNUS-AKA, literalmente "Producir huevos".
[7] [124]. Recordatorio: "Agitación de la Gran Altura (Gran Cielo)", la edad del gran comercio y la guerra galáctica.
[8] [125]. NUN-DAR4: "Princesas oscuras" en sumerio.
[9] [126]. KAL-DIRIG, literalmente "Notables y estimados", raza extraterrestre de la constelación de Iku (Pegaso).
[10] [127]. Recordatorio: KAD4-IS7-TU (literalmente "los antiguos ensambladores de la vida") en sumerio antiguo.
[11] [128] Lit.  "Gran(des) dragón(es)" en sumerio.
[12] [129]. Recordatorio: UZU-MU-A, lit.  "Cuando la carne crece", término utilizado para designar a una matriz artificial.
[13]  [130]. Recordatorio: los Kingu rojos que acompañaron la misión de rescate de los Gina'abul a sus nuevos sitios celestiales se convirtieron fatalmente en los subordinados de los Kingu-Babbar.  Los Kingu rojos se multiplican gracias a las viejas matrices artificiales llamadas Uzumua.
[14]  [131]. DIMMA-TI "nueva vida".  La edad de la razón instaurada después de la guerra galáctica donde muchas razas de nuestro universo estaban en conflicto.
[15] [132]. Recordatorio: la tercera dimensión.
[16]  [133]. EN-ZU-BT AB-ZU literalmente "Señor que toma conocimiento del mundo subterráneo" en sumerio antiguo. 

2 comentarios:

  1. muy intenso e interesante , como siempre mil gracias por compartir

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  2. GRACIAS!!! GRACIAS!!!! GRACIAS Y MIL GRACIAS!!!

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